sábado, 18 de noviembre de 2017

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario






Vigilar es cooperar con el don recibido

Igual que el domingo pasado, las lecturas de este domingo subrayan el tema de la espera vigilante, como aparece en la segunda lectura y el evangelio.

La segunda lectura presenta la espera como un vivir en la luz, es decir, a la luz de Cristo, que ilumina y da vida, para evitar que su venida nos sorprenda por sorpresa, en la noche, no preparados.

La parábola de los talentos ofrece un caso que ayuda a concretar mejor lo que significa este tiempo. Para Jesús la historia de cada persona se divide en tres partes, una pasada, otra presente, otra futura.

El pasado es el tiempo en que el amo da a cada uno una tarea específica y diferente, según su capacidad. Se refiere al tiempo de nuestra incorporación a la comunidad, en la que todos somos miembros de una gran familia, todos siervos del amo, pero cada uno recibe carismas diversos al servicio de la comunidad, todos de ellos de valor. Un talento, moneda antigua, equivaldría hoy día a 300.000 €, 2 = 600.000 € y 5 = millón y medio de €. Todas las cantidades son grandes. En el pensamiento de Mateo se refieren a la gran herencia que Cristo resucitado nos ha dejado a sus siervos en la Iglesia para hacerla fructificar hasta que él venga en su parusía. La cantidad recibida por cada uno es diferente, porque el amo conoce a cada uno y le da según su capacidad, es decir, cada uno es capaz de hacer rendir la cantidad entregada, pues Dios no pide a nadie lo que no puede hacer (cf. 1 Cor 12, 7.11: A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común..., Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad).

La parábola subraya el presente como tiempo en que tenemos que colaborar con el don recibido y hacer que fructifique. Es el tiempo de la responsabilidad, es decir, del que tenemos que responder y dar cuenta. Lo recibido no es nuestro, es gracia¸ es un don ganado por Jesús en su muerte y resurrección, y hay que dar cuenta de él.  Esto implica comprometerse por el Reino de Dios, asumiendo los riesgos propios de una vida cristiana comprometida.

El futuro es el tiempo en que debemos dar cuenta. Los dos primeros han colaborado. Coinciden los dos en que han doblado la cantidad recibida; si el primero ha obtenido más es porque ha recibido más, pero ambos se han comprometido a fondo según sus diferentes posibilidades. Por eso el juicio del amo es el mismo para ambos e igualmente recibirán el mismo premio: han sido fieles en lo poco, es decir, han sabido colaborar en la tarea encomendada en este mundo, que en relación con el futuro es “poco”; por eso son dignos de entrar en el gozo de su Señor, compartiendo la alegría divina. En cambio, el que recibió un solo talento no quiso arriesgarse y optó por enterrar la cantidad recibida (era costumbre de la época para poner a salvo el dinero de ladrones). Motiva su comportamiento en que conoce la “avaricia” del amo, que no permite que se malogren sus bienes; el amo lo reprende precisamente por eso, porque conoce la avaricia y debía haber sacado otra consecuencia: el amo no se contenta con conservar, sino que quiere que se aumente su dinero, como hicieron los otros. Por eso manda que se le quite ese dinero.  Jesús ha entregado su vida para conseguir el tesoro de la salvación y no permite que se mantenga inactivo el tesoro que tanto le ha costado cf 2 Cor 5,12: El amor de Cristo nos empuja, sabiendo que uno ha muerto por todos...

La moraleja final explica que en la vida cristiana no es posible la estabilidad en un punto concreto: o se sube o se baja. Todos hemos recibido carismas, con los que tenemos que crecer, si colaboramos con ellos, o vamos decreciendo en caso contrario hasta llegar a quedarnos sin nada, fuera del “gozo del Señor”.

La Eucaristía es un adelanto del gozo del Señor, en que agradecemos los dones recibidos y la confianza que ha puesto en nosotros el Señor y pedimos ayuda y alimento para vigilar, cooperando en el trabajo del Reino de Dios.


         Dr. Antonio Rodríguez Carmona


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