lunes, 8 de noviembre de 2021

Luces y café

 

 Es fantástico, en medio del apagón (literal) que dicen llegará -ya me he agenciado un camping gas por si acaso- más los “nubarrones negros” que vivimos cada día... ¡Oh luz de la mañana!!! Ésta no se apaga ni en el corazón, ni en los ojos, ni en los sentidos...  

Es esa que se cuela al amanecer entre las rendijas de la persiana o los portones de madera, es esa que nos levanta despacio -los huesecillos duelen- y nos arrastra a mirar por la ventana los colores del mundo y cuando la abres, Dios te regala el olor a nubes, a campo, a sol, a marea y a la vida -el olor a coches no cuenta porque ese no viene de arriba-.

Me acuerdo cuando oía a los gallos cantar, ya no, ahora oigo los zapatos del vecino que me ponen nerviosa, pero es lo que hay...Y continuo mi camino en zapatillas hasta el café que me espera.     

La luz crece y se ha vuelto inmensa ¡Madre mía si nos dejáramos iluminar por esa luz, la misma del Evangelio!, la sonrisa no desaparecería.

¡Claro que hay días oscuros y perdemos la esperanza!, pero llegará uno donde las luces “del museo” no se apagarán ni los “cuadros de Van Gogh sean solo pintura”; ese día, en óleos vivientes no tomaremos café pero beberemos amor en tazas de jade.     

Por ahora, amaneceres geniales y tazas de porcelana... Ya, ya sé, con achaques por doquier pero con  luces gratis de Dios, porque la otra... ¡Jesús, qué precio!    

   Emma Díez Lobo

 

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